Jaime Gil de Biedma

Un des derniers poèmes écrits par Jaime Gil de Biedma.

Jaime Gil de Biedma

De senectute 

                              Y nada temí más que mis cuidados.
Góngora

No es el mío, este tiempo.

Y aunque tan mío sea ese latir de pájaros
afuera en el jardín,
su profusión en hojas pequeñas, removiéndome
igual que imitaciones,
no dice ya lo mismo.
Me despierto
como quien oye una respiración
obscena. Es que amanece.

Amanece otro día en que no estaré invitado
ni a un momento feliz. Ni a un arrepentimiento
que, por no ser antiguo,
—«Ah, Seigneur, donnez-moi la force et le courage!»—
invite de verdad a arrepentirme
con algún resto de sinceridad.
Ya nada temo más que mis cuidados.

De la vida me acuerdo, pero dónde está.

1979. Las personas del verbo (Poemas póstumos), 1982.

No volveré a ser joven (Jaime Gil de Biedma 1929-1990)

Jaime Gil de Biedma

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
– como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
– envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Poemas póstumos (1968).

Je ne serai plus jamais jeune

La vie est une chose sérieuse !
on commence à le comprendre plus tard
– comme tous les jeunes, j’ai voulu
porter ma vie à bras-le-corps.

Je voulais laisser une trace
et m’en aller au milieu des vivats
– vieillir, mourir, n’étaient
que les limites du théâtre.

Mais le temps a passé
et la désagréable vérité surgit :
vieillir, mourir,
sont le seul argument de la pièce.

(Traduit de l’espagnol par Claude de Frayssinet)

Miguel Poveda en la gala de los Premios Ceres 2014.

https://www.youtube.com/watch?v=9_3TauAuzMM

Gil de Biedma recita este poema:

https://enunlugardelared.wordpress.com/tag/jaime-gil-de-biedma/

Años triunfales (Jaime Gil de Biedma)

 

Jaime Gil de Biedma 1929-1990. 

                                                           […] y la más hermosa
                                                           sonríe al más fiero de los vencedores.
                                                          Rubén Darío   

Media España ocupaba España entera
con la vulgaridad, con el desprecio
total de que es capaz, frente al vencido,
un intratable pueblo de cabreros.

Barcelona y Madrid eran algo humillado.
Como una casa sucia, donde la gente es vieja,
la ciudad parecía más oscura
y los Metros olían a miseria.

Con la luz de atardecer, sobresaltada y triste,
se salía a las calles de un invierno
poblado de infelices gabardinas
a la deriva bajo el viento.

Y pasaban figuras mal vestidas
de mujeres, cruzando como sombras,
solitarias mujeres adiestradas
—viudas, hijas o esposas—

en los modos peores de ganar la vida
y suplir a sus hombres. Por la noche,
las más hermosas sonreían
a los más insolentes de los vencedores.

Moralidades, 1966