Rafael Alberti

Rafael Alberti.

Elegía

La niña rosa, sentada.
Sobre su falda,
como una flor,
abierto, un atlas.

¡Cómo la miraba yo
viajar, desde mi balcón!
Su dedo, blanco velero,
desde las islas Canarias
iba a morir al mar Negro.

¡Cómo lo miraba yo
morir, desde mi balcón!.

La niña, rosa sentada.
Sobre su falda,
como una flor,
cerrado, un atlas.

Por el mar de la tarde
van las nubes llorando
rojas islas de sangre.

Marinero en tierra, 1924.

El poema tiene una historia curiosa. Rafael Alberti habla en sus memorias (La arboleda perdida, 1959) de “una niña de doce o trece años, a quien en los largos primeros meses de mi enfermedad [una afección pulmonar padecida a los 18 años] contemplaba abstraída ante un atlas geográfico tras los cristales encendidos de su ventana. Desde la mía, sólo un piso más alta, veía cómo su dedo viajaba lentamente por los mares azules…”. Y añade: “Ella fue mi callado consuelo durante muchos atardeceres”. “Esta pura y primitiva imagen… me acompañó por largo tiempo, llegando a penetrar hasta en canciones de mi Marinero en tierra…”. Pero la niña no murió; simplemente, se hizo mayor y salió de la vida del poeta, quien afirma: “se me borró del todo, muriéndoseme verdaderamente”. Como puede verse, Elegía constituye, pues, una transformación de aquel recuerdo en poesía.

Esa afección pulmonar le obligó al joven poeta a desplazarse a la localidad segoviana de San Rafael, en la sierra de Guadarrama. En el retiro, comenzó a trabajar los versos que luego formarían Marinero en tierra.

(Merci à Catherine I. de m’avoir rappelé ce poème)

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