Virginia Woolf – Vanessa Bell

Vanessa Bell, Virginia Woolf.
Baisers du Singe. Correspondance 1904-1941.
Traduction de Carine Bratzlavsky et Anne-Marie Smith-Di Biasio. La Table Ronde. Collection Quai Voltaire. Paru le 23/04/2026. 640 pages.

” De 1904 à 1941, Virginia Woolf et sa sœur Vanessa Bell s’écrivent presque quotidiennement. Leurs lettres racontent les débuts du Bloomsbury Group, les années de guerre et les joies de l’accomplissement artistique et littéraire. Mais ce sont avant tout les lettres de deux femmes émancipées, qui partagent dans l’intimité leurs questionnements sur l’amour, la maternité et les convenances, commentent la vie intellectuelle et politique de leur époque, sans pour autant exclure les tracas du quotidien et les potins dont elles raffolent. Chacune y apparaît comme le phare de l’autre, mêlant la tendresse de la sororité à des réflexions plus vastes sur la création.
Une sélection de deux cent quinze lettres qui forment une correspondance croisée inédite. ” (Site des Éditions de la Table Ronde)

Le 28 mars 1941, Virginia Woolf (née Adeline Virginia Alexandra Stephen) emplit ses poches de cailloux et se suicide par noyade dans la rivière de l’Ouse, près de sa maison de Monk’s House, dans le village de Rodmell (Sussex de l’Est), où elle vivait avec son mari Leonard Woolf. Elle avait 59 ans. Son corps est retrouvé trois semaines plus tard, le 18 avril. Il sera incinéré le 21 avril. Son mari, Leonard Woolf, enterre seul les cendres sous l’un des grands ormes du jardin de Monk’s House.

Voici la dernère lettre qu’elle a écrite à sa soeur. (Page 592)

Dimanche [23 ? mars 1941]
[Monk’s House, Rodmell]

Ma chérie,
Tu ne peux savoir combien ta lettre m’a fait plaisir. Mais je sens que je suis allée trop loin cette fois pour jamais revenir. Je suis certaine à présent de retomber dans la folie. C’est exactement comme la première fois, j’entends tout le temps des voix, et je sais que je ne m’en relèverai pas.
Tout ce que je tiens à dire, c’est que Leonard a été d’une incroyable bonté, chaque jour, à tout moment ; personne n’aurait pu faire ce qu’il a fait pour moi. Nous avons été parfaitement heureux jusqu’à ces dernières semaines, quand cette horreur a commencé. Pourras-tu l’en assurer ? Il a encore tant à faire que je sens qu’il poursuivra, bien mieux sans moi, et tu l’y aideras.
Je n’arrive presque plus à penser clairement. Si j’y arrivais je te dirais tout ce que toi et les enfants avez représenté pour moi. Je crois que tu le sais.
J’ai lutté, mais je n’y arrive plus.
Virginia.

Autoportrait (Vanessa Bell). Vers 1915. New Haven, Connecticut. Yale Center for British Art.

Diego Velázquez

Jérémie Keoning a publié à la rentrée de septembre 2025 un passionnant petit livre : Enquête sur Les Ménines. Velázquez et le regard du roi chez Actes Sud.

Il publie en annexe la célèbre description d’Antonio Palomino.

Antonio Palomino de Castro y Velasco, Museo pictórico y escala, óptica, 3 tomes. Madrid, Lucas Antonio de Bedamar. 1715-1724. Édition moderne : Vida de Don Diego de Velázquez de Silva. Akal, Madrid, 2008.

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VII. En que se describe la más ilustre Obra de Don Diego Velazquez.

Entre las pinturas maravillosas que hizo Don Diego Velázquez, fue una del cuadro grande con el retrato de la Señora Emperatriz (entonces Infanta de España) Doña Margarita Maria de Austria, siendo de muy poca edad. Faltan palabras para explicar su mucha gracia, viveza y hermosura; pero su mismo retrato es el mejor panegírico. A sus pies está de rodillas Doña Maria Agustina, menina de la reina, hija de Don Diego Sarmiento, administrándole agua en un búcaro. Al otro lado está Doña Isabel de Velasco (hija de Don Bernardino López de Ayala y Velasco, Conde de Fuensalida, gentilhombre de cámara de su majestad), Menina también, y después Dama, con un movimiento y acción proprísima de hablar. En principal término está un perro echado; junto a él, Nicolasico Pertusato Enano, pisándolo, para explicar al mismo tiempo que su ferocidad en la figura, lo doméstico y manso en el sufrimiento; pues cuando le retrataban se quedaba inmóvil en la acción que le ponían. Esta figura es obscura y principal, y hace a la composición gran armonía. Detrás está Mari Barbola Enana, de aspecto formidable. En término más distante y en media tinta está Doña Marcela de Ulloa, Señora de Honor, y un Guardadamas que hacen a lo historiado maravilloso efecto. Al otro lado está Don Diego Velázquez pintando. Tiene la tabla de los colores en la mano siniestra, y en la diestra el pincel, la llave de la Cámara y de Aposentador en la cinta, y en el pecho el hábito de Santiago, que después de muerto le mandó su Majestad se le pintasen. Y algunos dicen que Su Majestad mismo se lo pintó para aliento de los profesores de esta nobilísima arte con tan superior cronista; porque cuando pintó Velazquez este cuadro, no le había hecho el rey esta merced. Con no menos artificio considero este retrato de Velazquez que el de Fidias, escultor y pintor famoso, que puso su retrato en el escudo de la estatua que hizo de la Diosa Minerva, fabricándole con tal artificio que si de allí se quitase se deshiciese también de todo punto la estatua.

No menos eterno hizo Ticiano su nombre con haberse retratado teniendo en sus manos otro con la efigie del Señor Rey Don Phelipe Segundo; y así como el nombre de Fidias jamás se borró en cuanto estuvo entera la estatua de Minerva, y el de Ticiano en cuanto durase el del Señor Phelipe Segundo, así también el de Velazquez durará de unos siglos en otros, en cuanto durare el de la excelsa cuanto preciosa Margarita, a cuya sombra inmortaliza su imagen con los benignos influjos de tan soberano dueño.

El lienzo en que está pintado es grande, y no se ve nada de lo pintado, porque se mira por la parte posterior, que arrima al caballete.

Dio muestras de su claro ingenio Velazquez en descubrir lo que pintaba con ingeniosa traza, valiéndose de la cristalina luz de un espejo que pintó en lo último de la galería, y frontero al cuadro, en el cual la reflexión o repercusión nos representa a nuestros Católicos Reyes Phelipe y Mariana. En esta galería, que es la del cuarto del príncipe, donde se finge y donde se pintó, se ven varias pinturas por las paredes, aunque con poca claridad; conócese ser de Rubens, e historias de las Metamorfosios de Ovidio. Tiene esta galería varias ventanas que se ven en disminución, que hacen parecer grande la distancia; es la luz izquierda, que entra por ellas, y sólo por las principales y últimas. El pavimento es liso y con tal perspectiva que parece se puede caminar por él; y en el techo se descubre la misma cantidad. Al lado izquierdo del espejo está una puerta abierta, que sale a una escalera, en la cual está Joseph Nieto, Aposentador de la Reina, muy parecido, no obstante la distancia y degradación de cantidad y luz en que le supone. Entre las figuras hay ambiente; lo historiado es superior; el capricho nuevo; y, en fin, no hay encarecimiento que iguale al gusto y diligencia de esta obra: porque es verdad, no pintura. Acabóla Don Diego Velazquez el año de 1656, dejando en ella mucho que admirar y nada que exceder. Pudiera decir Velazquez (a no ser más modesto) de esta pintura lo que dijo Ceuxis de la bella Penelope (de cuya obra quedó tan satisfecho): In visurum aliquem, facilius, quam imitaturum; que más fácil sería envidiarla que imitarla.

Esta pintura fue de Su Majestad muy estimada y, en tanto que se hacía, asistió frecuentemente a verla pintar. Y asimismo, la Reyna nuestra Señora Doña Maria Ana de Austria bajaba muchas veces, y las Señoras Infantas, y Damas, estimándolo por agradable deleite y entretenimiento. Colocóse en el cuarto bajo de su majestad, en la pieza del despacho, entre otras excelentes; y habiendo venido en estos tiempos Lucas Jordan, llegando a verla, preguntóle el Señor Carlos Segundo, viéndole como atónito: ¿Qué os parece? Y dijo: Señor, esta es la teología de la pintura, queriendo dar a entender que así como la teología es la superior de las ciencias, así aquel cuadro era lo superior de la pintura

Traduction (Jérémie Koering).

Où est décrite l’oeuvre la plus illustre de Don Diego de Velázquez.

Parmi toutes les peintures merveilleuses faites par Don Diego Velázquez, il y a un grand tableau avec le portrait de l’impératrice Marguerite-Marie d’Autriche (alors infante d’Espagne) dans son plus jeune âge. Les mots font défaut pour expliquer toute sa grâce, sa vivacité et sa beauté, mais le portrait lui-même est le meilleur des éloges. Agenouillée à ses pieds, Doña María Agustina, ménine de la reine et fille de Don Diego Sarmiento, lui offre de l’eau dans une cruche d’argile. De l’autre côté, Doña Isabel de Velasco (fille de Don Bernardino López de Ayala y Velasco, comte de Fuensalida, gentilhomme de la Chambre du roi), également ménine, avant d’être suivante de la reine, a l’attitude et le mouvement de quelqu’un qui s’apprête à parler. Á l’avant se tient un chien couché, et à ses côtés le nain Nicolasico Pertusato, en train de lui marcher dessus, comme pour montrer que sa férocité était domestiquée, et qu’il restait docile dans la souffrance ; car quand on le peignait, il demeurait immobile quelle que soit la position dans laquelle on le plaçait. Cette figue est sombre et confère une grande harmonie à la composition. Juste derrière on trouve la naine Mari Bárbola, à l’aspect formidable. Plus loin, dans la demi-pénombre, Doña Marcela de Ulloa, dame d’honneur, et un écuyer des dames de la cour confèrent à la scène un merveilleux effet. De l’autre côté, Don Diego Velázquez est en train de peindre ; il tient la palette de couleurs dans la main gauche et le pinceau dans la droite ; la double clé de la Chambre et du Chambellan du Palais pend à sa ceinture ; et il porte sur la poitrine l’insigne de Saint-Jacques, que Sa Majesté a ordonné de peindre après sa mort. D’aucuns disent que c’est Sa Majesté elle-même qui le peignit, pour encourager les praticiens de ce très noble art avec l’exemple d’un si grand chroniqueur. Car au moment où Veláquez peignit ce tableau, le roi ne lui avait pas encore octroyé cet honneur. Je considère ce portrait de Velázquez aussi habile que celui que peignit Phidias, fameux peintre et sculpteur, sur le bouclier de la statue de la déesse Minerve, le composant avec un tel art que, s’il avait été retiré, la statue tout entière s’en serait trouvée défaite.

Titien ne rendit pas moins éternel son nom lorsqu’il peignit lui-même tenant dans ses mains un portrait à l’effigie de Philippe I I ; et de même que le nom de Phidias perdurera tant que la statue de Minerve restera entière, et que le nom de Titien sera préservé tant qu’existera le portrait de Philippe II, celui de Velázquez durera siècle après siècle, aussi longtemps que sera conservé le portrait de l’excellente et précieuse Marguerite, à l’ombre de laquelle il immortalise son image sous l’influence bénigne d’une aussi digne souveraine.

La toile sur laquelle il est en train de peindre est de grande dimension, et rien de ce qu’il peint n’est visible, car on la regarde depuis la partie arrière, du côté qui repose sur le chevalet.

Velázquez a fait preuve d’une évidente ingéniosité pour révéler ce qu’il peignalt en utilisant astucieusement la lumière cristalline d’un miroir peint au fond de la Galerie, devant le cadre, et grâce auquel le reflet, ou la réflexion, représente nos rois catholiques Philippe et Mariana. Dans cette Galerie, qui est celle des appartements du prince, où il se représente en train de peindre, on peut voir, bien que difficilement, plusieurs tableaux de Rubens représentant des histoires tirées des Métamorphoses d’Ovide.

Cette Galerie a plusieurs fenêtres, que l’on voit progressivement diminuer, et qui donnent une impression de profondeur ; la lumière entre par la gauche mais seulement par la première et la dernière fenêtre. Le sol est lisse, mais avec une telle perspective qu’il semble possible d’y cheminer ; du plafond, on peut voir tout autant de surface.

Á gauche du miroir se trouve une porte, qui mène à un escalier où se tient Joseph Nieto, aposentador de la reine. Il est très ressemblant malgré la distance, la diminution de la lumière et sa taille. Entre les personnages, il y a de l’air. La composition historiée est supérieure et le caprice figuratif nouveau.

Enfin, aucune louange ne saurait faire justice au goût et à l’habileté de cette oeuvre, car elle est plutôt réalité que peinture. Don Diego Velázquez l’a achevée en l’année 1656, y laissant beaucoup à admirer, et rien à surpasser. Velázquez aurait pu dire de cette peinture (s’il n’avait été aussi modeste) ce que Zeuxis avait dit de la belle Pénélope (une oeuvre dont il était si satisfait) : “In visirum aliquem, facilius, quam imitaturum” (il serait plus facile de l’envier que de l’imiter”).

Cette peinture fut très estimée de Sa Majesté, de sorte qu’elle allait très souvent la voir au moment de son exécution ; ce que faisait également Notre Reine, Marie-Anne d’Autriche, et les infantes et les nobles dames qui trouvaient en cela un divertissement des plus délectables. Elle fut placée dans l’appartement bas de Sa Majesté, dans son bureau, parmi d’autres oeuvres excellentes. Et Luca Giordano, étant venu la voir à cette époque-là, le roi Charles II, qui le voyait tout stupéfait, lui demanda : qu’en pensez-vous ? Et il répondit : Sire, c’est la théologie de la peinture ! Donnant à entendre par là que, tout comme la théologie est la plus haute des sciences, ce tableau est le sommet de la peinture.

Philippe Lançon a publié dans Libération à ce sujet le 17 décembre 2025 L’énigme des «Ménines» de Velázquez au cœur d’une enquête érudite et sensible.

https://www.liberation.fr/culture/livres/lenigme-des-menines-de-velazquez-au-coeur-dune-enquete-erudite-et-sensible-20251217/

On peut aussi écouter le podcast de l’émission de Patrick Boucheron du dimanche 16 novembre 2025 Allons-y voir ! : Le piège de Velázquez : “Les Ménines”, fiction et théorie.

https://www.radiofrance.fr/franceculture/podcasts/allons-y-voir/le-piege-de-velazquez-les-menines-fiction-et-theorie-6896699

“Les Ménines ! Encore ? Non ! Non ! Par pitié ! Ça suffit avec Les Ménines ! On a tout dit sur elles ! Tout et rien ? D’accord, mais quand même, maintenant, ça commence à bien faire”. Tel est le célèbre début du dernier chapitre de On n’y voit rien de Daniel Arasse, intitulé ” L’œil du maître “.

La Leçon d’équitation du prince Balthazar Carlos (Diego Velázquez). 1636-1637. Londres, Collection du duc de Westminster.

Manuel Vicent

Manuel Vicent. (Andrea Comas). Madrid, décembre 2025.

J’ai toujours un grand plaisir à lire dans El País les articles de l’écrivain et journaliste Manuel Vicent, 91 ans, même quand il est très triste après la mort d’un ami.

El País, 14 de junio de 2026

Adiós a un amigo (Manuel Vicent)

Envejecer también consiste en que cada vez suena más a menudo el teléfono y alguien te pregunta: “¿Sabes quién ha muerto?“. Puede tratarse de un amigo de la infancia, de aquel primer amor que ya habías olvidado, de un camarada al que te unía el tiempo feliz de la lucha por la libertad. Esta vez la voz por el teléfono me ha hecho saber que la vida se ha llevado a mi amigo el poeta y biólogo Tono Fornes hacia esa región de donde nadie regresa para decirte que en el cielo también hay anchoas. Volveré al mar este verano y Tono ya no estará esperando en el pantalán con el motor de su velero en marcha, con todos los aparejos dispuestos para zarpar. Se habrá llevado con el viento en las velas las canciones de Nana Mouskouri que sonaban en el silencio de alta mar mientras navegábamos esperando a que se avistara el cabo de la Nao por el filo del acantilado que era el momento en que comenzaba a trabajar el curricán. En realidad, más que a pescar el hipotético atún o el esquivo pez limón, salíamos cada mañana a capturar el milagro del amanecer. Tengo entendido que uno será siempre joven mientras nunca deje de sorprenderse ante la salida del sol, como si fuera la primera y última vez cada mañana. Tono había sido pareja de Pepa, la mítica librera de Ambra que hace ya unos años que se fue al estanque dorado donde permanece sumergida en mi memoria. Con ellos se han ido los momentos de placer de tantos felices veranos, tantas historias contadas en las sobremesas bajo el sonido de chicharras. Todo en nuestra amistad fue sencillo, natural y alegre. Salíamos a la mar entre dos luces cuando los chavales aún seguían bailando como caballos insomnes en las discotecas. La mar estaba desierta a esa hora. “¿Qué rumbo tomamos hoy?”, preguntaba Tono. “Hacia la isla del tesoro, como siempre”, decía yo. Navegar el Mediterráneo solo era un proyecto mental. Sabíamos que cada ola venía desde el fondo de la historia y te permitía imaginar que la isla del tesoro se hallaba detrás de la escollera.

Una historia particular (Memorias). Madrid, Alfaguara; 2024.