L’Église n’aime toujours pas le grand roman de Clarín La Regenta (1884)…

El País, 8 /11/2026
‘La Regenta’ de Netflix no es bienvenida en la catedral (Sergio del Molino)
No hay mejor publicidad para un libro provocador que la furia de quienes se sienten provocados por él
En la plaza de Alfonso II de Oviedo los turistas pueden hacerse una foto con la estatua de Anita Ozores y la portada de la catedral de fondo. Parece que la Regenta acaba de salir de confesarse con Don Fermín y está un poco sofocada, pese a que en Vetusta nunca hace mucho calor (hasta este verano, al menos). ¿Molestará al cabildo ovetense este homenaje a tan impía novela, perpetrado a las puertas mismas del templo y pensado para que este aparezca bien enmarcado en las fotos de Instagram? Si no soportan que Netflix ruede la nueva adaptación de la novela de Clarín en su interior, me imagino que no tendrán mejor opinión de ese culto idólatra.
Muchos se han felicitado de que una obra literaria escrita en 1884 siga escandalizando a la curia: el primer enemigo de La Regenta fue el obispo ovetense Ramón Rodríguez Vigil, para quien era “un libro saturado de erotismo, de escarnio a las prácticas cristianas y de alusiones injuriosas a respetabilísimas personas”. Al autor lo llamaba “salteador de honras ajenas”. Como escritor, envidio una crítica así. Ojalá algún obispo me prodigase uno solo de esos cumplidos. No hay mejor publicidad para un libro provocador que la furia de quienes se sienten provocados por él, pero ese reclamo siempre lleva veneno y presagios de venganzas. No creo que en Netflix celebren haber dado con la Iglesia.
Según cuenta Ricardo Labra en el interesantísimo ensayo El caso Alas Clarín: la memoria y el canon literario, “puede que ninguna otra creación literaria haya perturbado tanto a una ciudad [que La Regenta], y que ninguna otra ciudad haya luchado tanto por escaparse de las páginas de una novela”. En el portazo del deán de la catedral de Oviedo resuenan otros golpes mucho más siniestros. Resuena el silencio que casi sepulta a la novela durante 80 años: hasta la década de 1960 no empezó a apreciarse como una obra maestra indiscutible. Resuena la destrucción vandálica del busto de su autor, reducido a cascotes en el Campo de San Francisco una madrugada de 1937. Resuenan también los disparos del pelotón de fusilamiento que mató a Leopoldo Alas hijo, rector de la Universidad de Oviedo, al empezar la guerra y ajusticiado oficialmente por republicano, aunque su hija y muchos lectores e historiadores estaban convencidos de que lo mataron por ser hijo del detestado Clarín. Entre tanto ruido funebrero, el portazo de la catedral reverbera con un anacronismo fuera de compás, pero sorprendentemente sincronizado con esos tambores furiosos que se acercan cada día.
http://www.lesvraisvoyageurs.com/2022/04/13/leopoldo-alas-dit-clarin-1852-1901/

